Lo bueno, lo malo y lo feo de “Los Hombres que no amaban a las mujeres”, la primera novela de Stieg Larsson. Una que parece rosa pero que no lo es.
Había visto varias veces el libro “Los hombres que no amaban a las mujeres” pero no tenía mucho interés en leerlo. Por el título sospechaba que se trataba de una novela rosa que no despertaba mayormente mi interés. No fue sino hasta que una amiga estadounidense me mostró un ejemplar de “The Girl Who Kicked the Hornets’ Nest” que súbitamente me sentí interesado en averiguar sobre su autor, para descubrir que era el mismo: Stieg Larsson.
Lo primero fue, entonces, comprobar que efectivamente ambas novelas eran del mismo autor. Lo segundo, descubrir que sólo tenía tres novelas (tengo entendido que también hay una cuarta que es póstuma). Lo tercero, que los títulos en inglés no tenían nada que ver con sus correspondientes en castellano. Así, “Los Hombres que no Amaban a las Mujeres” se convirtió en “The Girl with the Dragon Tattoo”, con lo que súbitamente nació mi interés por leerla. El título original puede traducirse como “Los hombres que odiaban a las mujeres”, denominación que evidentemente fue “suavizada” por los editores americanos, con un criterio de marketing que los editores españoles no supieron aplicar; porque, en lugar de un título sugerente, como “La chica del dragón tatuado”, optaron por esta versión light del original, que más despista que atrae.
Averigüé que Stieg Larsson falleció al poco tiempo de entregar a su editor esta trilogía que se conoce como Millenium, ya que ese ese es el nombre de una revista ficticia que viene a ser algo así como el protagonista corporativo de la saga. Sólo he leído la primera y buena parte de la novela es un hueso bastante duro de roer, con tres historias paralelas que al comienzo no se interfieren, pero que paulatinamente van confluyendo. Desde el primer párrafo se evidencia que no es una novela rosa y aparece su carácter policial, aspecto que se consolida más tarde como una dimensión predominante del libro, aunque no exclusiva. Efectivamente, en la obra también confluyen elementos de crítica social, de intriga corporativa y me animo a descubrir un leitmotiv que resuena con el solipsismo e individualismo que caracteriza la vida de comienzos del siglo XXI, especialmente en países “desarrollados”, como Suecia.
Al concluir el libro queda claro que sus protagonistas han sido dos: El periodista Michael Blomkvist y la hacker Lisbeth Salander. Supe que ambos están basados en personajes ficticios creados por la escritora sueca Astrid Lindgren: el detective Kalle Blomkvist – sí, no podía ser más evidente ¡el mismo apellido! – junto con ese personaje entrañable que es como el Papelucho europeo en versión femenina: Pipi Mediaslargas (Calzaslargas, Longstockings, Lagsrtumpf, etc.). El recurso de tomar personajes infantiles y ponerlos en contextos de adulto es habitual y tengo entendido que el protagonista de Mala Onda de Fuguet es justamente un Papelucho crecidito. Así que aquí están el Tintín Sueco y la Papelucha hacker haciendo de las suyas.
En cuanto al estilo narrativo, me recuerda al de algunos autores de ciencia ficción, como el de Orson Scott Card o el de Dan Simmons. Creo haber leído por ahí que Stieg Larsson era un asiduo lector de ese género que se presta tanto para inducir un devaneo o una contemplación filosófica. ¡Y qué bueno que Larsson no intentó una novela de ciencia ficción! Sus conocimientos en el ámbito tecnológico, al menos, dejen mucho que desear, cosa que queda en evidencia ya que describe con lujo de detalle el actuar de un hacker y lo hace desde una ignorancia sublime que le resta toda verosimilitud. Lamentable… ¡Es como ver al Dr. House curando una gripe con vitamina C!
Aun así, me gustó la novela, la encontré muy entretenida y bastante más elaborada que “El Código da Vinci”, libro que se me viene a la mente a la hora de establecer una comparación dado que ambas novelas destacan por lo cautivante de sus historias, urdidas a punta de elementos policiales y de intriga. Por otra parte, así como Dan Brown pretende asestar un golpe contra las Iglesias Cristianas y, en particular, contra la Iglesia Católica, personificada en ese caso en el Opus Dei; Larsson, por su parte, aparece denunciando el machismo salvaje que permea a la sociedad y que permite la aparición de todo tipo de sicópatas; como si ese tipo de enfermedad fuera la expresión non plus ultra del patriarcado anti-feminista. En ambos casos, esa lectura entre líneas, casi subliminal, que el autor parece intentar, se desploma ante cualquier lector medianamente culto, por lo que el intento resulta fútil y no pasa de ser un factor anecdótico que le ponte un toque “picantito” a la lectura.
En resumen… Lo bueno: muy entretenida, especialmente el último tercio del libro. Lo malo: el mensaje subliminal de que el machismo, el sadismo y la psicopatía son casi sinónimos. Lo feo: Las descripciones de los procedimientos de hackeo. ¡Sorry, pero hay quienes sí somos informáticos! Raya para la suma: La recomiendo. Apenas pueda leeré el segundo tomo.

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