El factor clave en el exitoso rescate de los 33 mineros chilenos, atrapados a más de medio kilómetro de profundidad, fue la innovación, tanto de la empresa privada como del propio equipo de rescatistas.
Daniel Henninger, vicedirector editorial de The Wall Street Journal (WSJ), ha publicado una interesante columna en la que sostiene que a los 33 mineros chilenos rescatados en el Campamento Esperanza los salvó una lógica del tipo “innovación = ganancia”. Henninger afirma que si los mineros hubiesen quedado atrapados a esa profundidad hace tan sólo 25 años, todos habrían perecido. Lo que ocurrió en un cuarto de siglo – señala – y que posibilitó su rescate fue el desarrollo de múltiples innovaciones llevadas a cabo por compañías privadas.
Efectivamente, de los tres planes en ejecución fue el plan B el que finalmente logró su objetivo, gracias al uso de una perforadora Schramm T130XD ofrecida por CRI (Center Rock Inc.), una empresa tipo PYME ubicada en Pennsylvania. Los otros planes quedaron rezagados porque la perforadora Schramm incorpora importantes innovaciones en su diseño que le permiten trabajar con más eficiencia y rapidez.
De igual forma, la innovación aparece en todos lados si analizamos los elementos empleados en el rescate. El cable flexible y firme del que se suspendió la cápsula Fénix 2 fue desarrollado en Alemania. La fibra óptica ultra flexible que permitió la comunicación y control de los “aterrizajes” del Fénix 2, así como su transmisión en vivo para todo el mundo, fue desarrollada por privados japoneses.
La innovación, entendida como creatividad práctica, también jugó un rol importante dentro del propio equipo de rescate. Lo creativo y lo racional son dos aspectos diferentes de la inteligencia, tan diferentes que hasta se ha llegado a decir que son articuladas respectivamente por cada hemisferio del cerebro. La innovación implica un diálogo integrador entre ambas dimensiones. Los chilenos tenemos culturalmente una predisposición natural a hacer esa integración, a combinar la lógica con la intuición, la tecnología de punta con el ingenio del maestro chasquilla. Y eso se vio durante el rescate: no faltó el alambrito para que la cápsula funcionara. Esa salida del libreto, ese tipo de pensamiento lateral, ese ingenio creativo está en la base de toda innovación real.
Una nota de Matt Moffett publicada por el WSJ (Inventions Ease the Plight of Trapped Miners) a fines de septiembre hacía un compendio de otros productos innovadores que permitieron a los mineros sobrevivir su cautiverio en mejores condiciones, entre ellos el mini-proyector de Samsung y los calcetines hechos con fibra de cobre para eliminar bacterias y hongos. Este último elemento es tan novedoso que el propio Ministro de Salud, Jaime Mañalich, reconoció que no tenía idea de que algo así existía.
Así es la auténtica innovación. Muchas veces no tenemos idea de lo que ha sido desarrollado porque está en los márgenes más avanzados de la industria. Alguien lo desarrolló para comercializarlo, creando de paso puestos de trabajo y mejorando potencialmente la calidad de vida de quienes usen el nuevo producto. Una de las lecciones que este rescate nos deja es que invertir en innovación no es sólo rentable, es también invertir en progreso para todos, es invertir en responsabilidad social, es – en definitiva – un imperativo ético. La innovación salvó a los 33 y puede salvar a muchos más en el futuro.
Fotografía: Wikimedia.

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