Para crecer al ritmo que impone la “nueva economía”, Chile requiere de una política contundente y coherente de fomento de la innovación, tal como la que está implementando el Gobierno.
El día de hoy, el periódico La Tercera, en su edición en línea, ha publicado un editorial titulado “Investigación tecnológica y políticas pro crecimiento” en el que se señala que “buscando reimpulsar el crecimiento económico, el gobierno impulsa diversas iniciativas que afectan desde el sector público o las instituciones que inciden en la creación de capital humano, hasta el acceso a financiamiento de emprendedores individuales o empresas de menor tamaño”.
Dicha editorial destaca que “estos esfuerzos son bienvenidos, en la medida en que eliminen obstáculos innecesarios o faciliten la coordinación eficiente de entidades que desarrollan esta investigación”, pero luego señala que “el país no debe (…) cifrar sus expectativas de crecimiento en el mayor o menor éxito en la investigación conducente a innovaciones patentables”, añadiendo que si “se termina subsidiando directa o indirectamente proyectos que de otra forma no se intentarían en el sector privado, el impacto final de la política para la investigación tecnológica será negativo desde la perspectiva del crecimiento”.
Cuesta entrever la lógica que podría dar sustento a tal afirmación ya que es precisamente allí donde el Estado puede hacer una gran diferencia. A modo de ejemplo: Internet – que está en la base de la denominada Nueva Economía y empresas que han aportado tanto al crecimiento económico como Google o Amazon no podrían existir sin ella – fue desarrollada sobre tecnologías en las que el sector privado jamás habría invertido.
Es precisamente ese nuevo entorno económico, social y cultural – que han propiciado las nuevas tecnologías – lo que ha devenido en un verdadero “cambio de las reglas del juego” a nivel global, de manera que las antiguas recetas suelen quedar obsoletas y, al mismo tiempo, se abren mundos de nuevas oportunidades. En este nuevo entorno la innovación, el conocimiento y el capital humano avanzado emergen como figuras claves para el crecimiento económico.
Posiblemente podamos mantener un satus quo aplicando recetas del siglo pasado, pero difícilmente creceremos tanto como queremos y necesitamos para derrotar la pobreza y alcanzar el desarrollo sin una política contundente y coherente de fomento de la innovación.
