Los ascensores de Valparaíso no son sólo un atractivo turístico de valor patrimonial: son un elemento fundamental de conectividad urbana. Lamentablemente, cada vez quedan menos y ya son una “especie en vías de extinción”, no por falta de recursos, sino por puro centralismo.
El ascensor Cordillera, el segundo más antiguo, dejó recientemente de prestar sus servicios – que se prolongaron por 123 años – ya que su propietaria, la Compañía de Ascensores Mecánicos, determinó su clausura debido a los altos costos de mantención que demanda su funcionamiento. Al cierre del Cordillera, se suma el del ascensor Larraín, en mayo pasado, lo que deja a Valparaíso con sólo seis de sus 25 ascensores en operaciones.
La noticia sorprende ya que, hace unas semanas, autoridades regionales anunciaron una inversión de más de 3.000 millones de pesos, para recuperar y reparar ascensores. Por su parte el Intendente, Raúl Celis, indicó que mediaría ante el Gobierno Central para comprar los dos funiculares privados y los Seremis de Obras Públicas, Pedro Sariego, y de Transportes, Luis Eduardo González, también han comprometido sus esfuerzos por revertir esta situación.
Los ascensores no tienen sólo un valor patrimonial y turístico, lo que por sí sólo justificaría que el Estado invierta en ellos; prestan, además, un servicio de transporte colectivo y de conectividad urbana. Por ejemplo, el ascensor Cordillera permitía conectar el plan de la ciudad con la plazuela Eleuterio Ramírez y, tras el cierre de dicho funicular, sólo es posible realizar el mismo trayecto por la subida Castillo, es decir: a pié.
Sin embrago, dejar completamente operativos un porcentaje importante de los ascensores de Valparaíso, incluidos aquellos que hace años no están en funcionamiento, requeriría una inversión mucho mayor a los fondos ya comprometidos, que ascienden a unos 6 millones de dólares, ya que – en promedio – el rescate de cada ascensor cuesta de 1 millón de dólares. Esto significa que con los fondos prometidos sólo alcanza para recuperar una cuarta parte de los ascensores.
Seguramente, si los ascensores estuvieran ubicados en Santiago, hace mucho rato que se habría destinado al menos 20 millones de dólares para su recuperación, pero al estar en Valparaíso – y dado el brutal centralismo que impera en nuestro Estado – es necesario realizar toda una Odisea para poder conseguir una fracción de dicha cifra. Esperemos que el buen criterio se imponga en nuestras autoridades centrales y podamos contar con una suma generosa para invertir en la recuperación de nuestros ascensores. De lo contrario, los estaremos condenando a la extinción.

La lenta desaparición de los ascensores de Valparaíso ha sido la agonía de una enfermedad que parece terminal. Lo lamentable es que las inquietudes no faltan y se expresan con alguna frecuencia, pero las soluciones y los aportes tardan en tal forma que no dan cabida a una recuperación. El centralismo al que alude Luis Edo. Bastías tiene como ejemplo en esta materia, los millonarios aportes a un sistema público de locomoción deficiente y fracasado. Si una suma similar se aportase a la recuperación de los ascensores porteños, tal como dice el artículo, no sólo se aportaría al patrimonio sino que se estaría contribuyendo a solucionar un problema de transporte público vital. Felicitaciones.
nuestras autoridades no han sabido como resolber la problematica de nuestros ascensores tan queridos sabemos de los informes de profesionales el estado que estan proyectos asesorias y mas proyectos la danza de millones que cuesta recuperarlos porque no un proyecto piloto con la gente que sabe ,operadores personal de mantencion tenemos la experiencia tenemos personal con 20-30 -40 -AÑOS EN LOS ASCENSORES CREEMOS QUE NUETRO APORTE ES FUNDAMENTAL EN LA RECUPERACION . 100-200-300 – AÑOS DE EXPERIENCIA EN CAPITAL HUMANO CUANTO AHORRRROOOO