Es inaceptable que se profieran amenazas al Contralor por intentar desempeñar su función, constituye un acto temerario e imprudente, y el Secretario General de la Presidencia le debe excusas no sólo a Ramiro Mendoza sino que a todo el país.
En 1887, Lord Acton acuñó su célebre “dictum”: Power tends to corrupt, and absolute power corrupts absolutely. Así es: el poder induce a la corrupción – está en la naturaleza humana que así sea – y, mientras más grande sea ese poder, mayor termina siendo la corrupción. Por eso, en una república democrática, es tan importante la alternancia en el poder y el rol que desempeñan los entes fiscalizadores y de control, como la Cámara de Diputados y la Contraloría General de la República.
Esta semana hemos sido testigos de un hecho inaceptable: el Secretario General de la Presidencia, José Antonio Viera Gallo, ha presionado públicamente al Contralor General de la República, Ramiro Mendoza, para que no controle a los ministros ni investigue si los secretarios de estado incurren en prácticas de intervencionismo u otras posibles irregularidades.
Recordemos que Contraloría es el órgano encargado del fortalecimiento del Estado de Derecho y, entre otras funciones, debe velar por el cumplimiento del principio de probidad administrativa. Más aún, está explícitamente señalado en su “Misión” que Contraloría “ejerce sus funciones con el fin de promover la certeza, estabilidad y predictibilidad de las decisiones administrativas, y por lo mismo, se convierten en un mecanismo de protección de las garantías fundamentales de los ciudadanos en sus relaciones con la Administración del Estado”. Por todo ello, el mero intento de coartar las posibilidades de acción de la Contraloría constituye un acto temerario e imprudente y apunta en la dirección contraria a la del fortalecimiento de la democracia y de sus instituciones.
Es extraordinariamente grave lo ocurrido y nos parece que, como mínimo, el Ministro Viera Gallo debe excusarse con el Contralor y con todo el país, retirar sus amenazas y dejar que las instituciones funcionen y que hagan su trabajo. De no hacerlo estaría él mismo incurriendo en una suerte de abandono de sus propios deberes. Los ministros están al servicio de la institucionalidad, no al revés.
Invitamos a las chilenas y a los chilenos a reflexionar sobre estos hechos y a convencerse que, efectivamente, no da lo mismo quién gobierna. Chile se merece un presidente que erradique todo rastro de corrupción y un gobierno que esté plenamente a disposición de órganos como la Contraloría, pero para ello es necesario que la Concertación y sus herederos directos abandonen – aunque sea sólo por un período – el poder que han detentado durante tanto tiempo y que los ha llevado a caer en estas conductas corrosivas y nefastas que hoy presenciamos.
Fotografía: el Secretario General de la Presidencia, José Antonio Viera Gallo, por gentileza de Wikimedia.

0 respuestas hasta el momento ↓
Todavía no hay comentarios... Empiece usted rellenando el siguiente formulario.