La salida de Vivian Heyl de CONICYT, a pocas semanas de que finalice este gobierno, no soluciona nada pero sí es un reconocimiento de que la Concertación está haciendo muy mal las cosas y, por lo mismo, no debería continuar en el poder.
Ya lo he dicho (aquí) y ahora lo repito: Cuando se le pregunta a un mandatario cuál es el principal activo de su país, suele responder algo como el petróleo, el turismo o el cobre. Nunca he escuchado a un presidente decir que su principal activo es la gente, el capital humano. Sin embargo, es evidente que es precisamente ese el factor económico clave del desarrollo: las personas. Un país que invierte en su gente es un país que apuesta al desarrollo, especialmente si se invierte de manera inteligente y ordenada.
En Chile, el organismo encargado de hacer ese trabajo se llama CONICYT y durante el gobierno que está finalizando se ha convertido en el fiasco más grande y en el fracaso más rotundo, superando incluso, en mi humilde opinión, al del tristemente célebre TranSantiago.
Como ya lo señalé (aquí), primero fue el inédito “paro de científicos” que convocó incluso a varios Premios Nacionales de Ciencias en una manifestación sin precedentes en el país. Luego serían las quejas de los becados estudiando postgrados en el extranjero, más tarde supimos de un grupo de técnicos que fue enviado a estudiar a Canadá sólo para constatar una vez que ya estaban allá que no tenían el nivel de inglés requerido. A todo ello podemos agregar la molestia que hay desde hace casi un año entre quienes postulan a las Becas Bicentenario. Todo ello hizo que, finalmente, se le pidiera la renuncia a la directora de la entidad, Vivian Heyl.
No obstante, la salida de la señorita Heyl, a pocas semanas de que finalice este gobierno, así como su remplazo por una persona de similares características y extracción, bien podemos interpretarla como una mera burla. El daño ya está hecho y los perjudicados no son sólo los científicos, académicos y nuestro capital humano avanzado; los perjudicados somos todos los chilenos.
Pero todo ello va a cambiar cuando la Coalición por el Cambio llegue al gobierno. Sebastián Piñera se ha comprometido a hacer crecer nuestra economía sobre la base de potenciar el emprendimiento y la innovación. Para ello nos proponemos erradicar la ineptitud de organismos como CONICYT y dotarlos de profesionales capaces y altamente responsables, que se la jueguen por los intereses del país y, sobre todo, que sí tengan dedos para el piano. Profesionales que sean escogidos por sus méritos y no por compadrazgos. Pero para ello es necesario que las chilenas y los chilenos nos pronunciemos con alegría y decisión en diciembre próximo, convencidos que no da lo mismo quién gobierna y que Chile no se merece otro gobierno más de la Concertación.
Fotografía original gentileza de Javier Baladron Pezoa.

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