Eduardo Bastías Alarcón

Un país no es una empresa … ¿o sí?

6 Julio 2009 · Dejar un comentario

¿Es transferible o utilizable el conocimiento y las habilidades desplegadas en el ámbito privado en el contexto de la administración del Estado? Un análisis riguroso solamente puede hacernos concluir que sí.

1198416_business Con ocasión de la candidatura presidencial de Sebastián Piñera y, dado que su principal atractivo como potencial presidente consiste en su innegable habilidad en el mundo de los negocios, surge recurrentemente por parte de algunos el alegato de que un país no es una empresa. Ciertamente que eso es un hecho: un país no es una empresa, conceptualmente son entidades muy distintas. Sin embrago, la administración del Estado, rol esencial del Poder Ejecutivo, sí se parece mucho a la administración privada y no es extraño que quienes se desempeñan bien en la administración pública lo hagan también en la empresa y vice-versa.

Si algún mérito académico tengo, ha sido justamente  mi humilde aporte a la teoría de la Autopoiésis de Valparaíso, iniciada por Aquiles Limone en 1977 y que propone una ontología de la empresa, es decir, se trata de un trabajo exhaustivo que estudia y establece cuál es la esencia (el ser) de la empresa. Es desde este trabajo, un estudio sistemático y prolongado, presentado y sujeto permanentemente a discusión en congresos internacionales y revistas indexadas, desde dónde puedo afirmar con pleno conocimiento de causa que la administración pública es en gran medida equivalente y homologable a la administración privada.

Obviamente tendría que detenerme a exponer mis argumentos con lujo de detalles para ser riguroso pero me temo que sería una verdadera “lata” para todos o casi todos quienes lean estas líneas, por lo que omitiré ese ejercicio. De todas formas los papers están disponibles en el web y pueden contactarme quienes tengas dudas puntuales en relación a ellos. Para el caso sólo voy a agregar que donde resulta más evidente la similitud entre la administración pública y la privada es justamente al considerar las denominadas “empresas públicas”, pero también se hace extensivo a otras reparticiones y agencias gubernamentales, todas las cuales se rigen por un presupuesto y deben ser gestionadas.

Recientemente un spot publicitario de Banco Estado usaba precisamente esta analogía, proponiendo la metáfora de que todos los chilenos somos accionistas de dicho banco. En efecto, todos los chilenos somos, en buenas cuentas, “accionistas” de todas las empresas y organizaciones estatales y, como tales, tenemos el derecho de escoger a quién velará por nuestros intereses comunes de la mejor forma.

No niego que gobernar un país tenga peculiaridades que no encontramos en el mundo de los negocios privados: declarar una guerra, imponer estados de excepción, promover iniciativas legales, son todos ejemplos de actividades que hace un Presidente de la República y que no corresponden al ámbito de acción del director de un holding, pero – aún así – muchas de las habilidades necesarias para tomar ese tipo de decisiones sí caben dentro de la gama necesaria a desplegar por un hombre de negocios; baste mencionar la capacidad de liderazgo, negociación, trabajo en equipo, entre otras.

Por todo ello sostengo que cuando se repite el eslogan “el país no es una empresa”, con la connotación de “la administración pública y la privada son dos mundos separados”, se está cometiendo una falacia; más concretamente del tipo “falso dilema”, ya que, aunque el eslogan – per se – sea verdadero, ello no quita que la la administración pública y la privada se parecen mucho más de lo que se diferencian.

Ilustración gentileza de .

Categorías: Chile

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