El horrendo crimen de Víctor Jara, al igual que muchas otras violaciones a los Derechos Humanos, seguirán impunes en tanto la Justicia se contente con sancionar a conscriptos que obedecían órdenes, mientras que los oficiales superiores, realmente responsables, en muchos casos gozan de plena libertad.
Me he enterado por la prensa que, en fallo dividido, la Corte Suprema rechazó el recurso de amparo presentado por la defensa del ex conscripto José Paredes Márquez, procesado por el homicidio calificado de Víctor Jara, el 15 de septiembre de 1973 (más detalles aquí).
Paredes era entonces un lolito de tan sólo 18 años y, hasta justo antes del golpe, estaba inmerso en el entrenamiento propio del Servicio Militar. En ese contexto se le convenció que se había desatado una guerra y que, tal como ya había aprendido, debía, por el bien de la Patria, obedecer órdenes sin razonar y haciendo caso omiso a su propia conciencia.
Bajo ese prisma, los prisioneros, como Víctor Jara, no eran ciudadanos, personas con Derechos, sino que enemigos mortales que amenazaban la seguridad del país y, por esa vía, la de los seres queridos. Con esa mentalidad, el que “reducía” a un enemigo no era un criminal sino que, muy por el contrario, un héroe.
Pero no es mi intención defender aquí a José Paredes, sino más bien criticar el actuar de una Justicia lenta y parcial que, en muchos casos, aún ni siquiera registra antecedentes de “agentes” de los organismos de “inteligencia” o de los superiores jerárquicos, oficiales de alto rango, que sí tenían la posibilidad de tomar decisiones, entre otras las de respetar – cuando menos – los términos establecidos por las Convenciones de Ginebra en lo relativo al trato de los prisioneros de guerra. En efecto, sabemos que en casos aislados sí hubo oficiales y médicos que hicieron todo lo que estaba dentro de sus limitadas posibilidades para mitigar el sufrimiento de los detenidos políticos.
En definitiva, lo que me preocupa con la ratificación de esta sentencia es que se esté cortando el hilo por donde es más delgado y que la verdadera justicia se postergue como simple consecuencia de lo anterior. No es curioso que hasta los propios organismos internacionales de Derechos Humanos hayan alertado en tal sentido. Hago aquí eco de ese clamor.
Fotografía gentileza de Wikimedia.

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