Eduardo Bastías Alarcón

Comentarios a la Cuenta Anual de la Presidenta

21 Mayo 2009 · Dejar un comentario

Gusto a poco nos dejó la última cuenta de la Presidenta Bachelet. Esperábamos más, tal vez ilusamente, porque la cultura asistencialista que ha caracterizado al estilo Bachelet claramente no lo permite. Se trata de un enfoque insuficiente de la política, que presta excesiva atención a los montos de los gastos realizados en lugar de evaluar el éxito de las políticas o la calidad de la gestión pública.

225px-26042007g00010_Bachelet_jpg Se ha vuelto una “tradición” que el o la Presidenta de la República aproveche la “cuenta” que debe rendir a la Nación para pronunciar un discurso en el que básicamente se hacen anuncios. En otras palabras, en lugar de dar cuenta de lo hecho, que es lo que corresponde, se habla principalmente de lo que se pretende hacer. Esta vez no ha sido la excepción. Es por ello que hemos quedado insatisfechos. Creemos que para dar una auténtica cuenta al país es imprescindible hacer una autocrítica, mirarse hacia adentro, con el fin de retroalimentarse, darse cuenta de lo bueno y malo que se ha hecho. Es sólo a partir de ese ejercicio meticuloso y severo que tiene sentido mirar hacia adelante y plantearse nuevos desafíos. De lo contrario se corre el peligro de construir sobre bases endebles y quebradizas, de equivocar el rumbo, no porque no creamos saber hacia adonde ir sino sencillamente porque no tenemos del todo claro adonde estamos y como fue que llegamos allí.

Po otra parte, y por razones circunstanciales entendibles, esta “cuenta” se centró demasiado en aspectos globales, como la “crisis financiera” y la “influenza humana”. Fue en este contexto que las múltiples e idílicas referencias al “mundo post-crisis” nos hicieron recordar “El Mundo Feliz” de Huxley. En contraste, brillaron por su ausencia los problemas más urgentes que agobian a los chilenos en particular, tales como el flagelo de la delincuencia y la cesantía.

Tratándose de la última cuenta pública de Bachelet y de una mandataria tan querida y valorada, se trataba de un momento propicio para poner sobre el tapete los grandes temas, pero en lugar de eso hemos sido testigos de un ejercicio que en instantes se acercó demasiado a lo propagandístico y hasta algo falaz, carácter que fue muy notorio cuando se mencionó el caso de la colusión de las farmacias, colusión que fue posible gracias a la reforma introducida por el Presidente Lagos, legislación que ahora Bachelet se apresta a borrar con el codo – y en buena hora que así lo haga -  pero, por supuesto, la Presidenta no mencionó a quienes propiciaron este lamentable episodio, en particular su antecesor: Ricardo Lagos Escobar.

Por otra parte, nos parece impresentable que la Presidenta califique ahora como “lamentable” la falta de inscripción automática para la próxima elección presidencial, en circunstancias que fue ella quien se negó a darle urgencia a dicha tramitación. Lo mismo cuando habló de otros aspectos del sistema electoral, como su naturaleza binominal y el voto de los chilenos en el exterior. No debemos olvidar que Chile es un país marcadamente presidencialista, por lo que endosarle este tipo de responsabilidades al Legislativo es como cuando el cojo culpa al empedrado. Algo similar ocurre cuando la Presidenta intenta excusarse en “los límites” que tiene Chile. Ese tipo de discurso es altamente nocivo porque nos ciega a la capacidad – que de hecho tenemos – de romper y vencer nuestros propios límites. Confiamos que ese sí será el sello de nuestro próximo gobierno.

Como parte de su estrategia comunicacional y electoral, el discurso – en buena parte – se limitó a hacer un despliegue de anuncios relativos a una serie de medidas más bien populistas, pletórica de bonos, “ajuares”, computadores y otros regalos que, en esencia, resultan similares a los obsequios que suelen hacer algunos candidatos en el contexto de sus campañas. Se trata de la cultura del asistencialismo, tan propia del estilo Bachelet pero que ahora se ve incrementada por tratarse de un año electoral.

Para colmo, da la impresión, tras escuchar a la Presidenta, que su gobierno se rige por un modelo asistencialista mal controlado, donde el gobierno se concentra exclusivamente en gastar en lugar de resolver problemas. El problema es que se puede gastar mucho, por ejemplo, en regalar computadores, pero ese tipo de medida se convertirá más temprano que tarde en un verdadero fracaso si esos computadores terminan en el mercado negro en lugar de ser empleados en las salas de clases. Gastar no es resolver y una cuenta que se concentra en los gastos no nos dice nada acerca de los problemas de fondo que supuestamente originaron esos gastos.

Por otra parte y yendo a un tema aún más de fondo, no podemos estar de acuerdo con el modelo asistencialista porque incita a la cultura de quedarse de brazos cruzados a la espera de que “el Estado que protege” resuelva mis problemas. En buenas cuentas: La cultura del asistencialismo no fomenta la meritocracia sino que la mediocridad.

Por el contrario, creemos en un modelo emprendedor solidario que sí promueve una auténtica meritocracia, meritocracia que no se condice con cuoteos de paridad  que debieran indignar a todas las mujeres. Y lo decimos con todas sus letras: A un cargo público se debe acceder por mérito, independiente del género. Nunca más se debe nombrar a alguien en un cargo público obedeciendo a factores demográficos ni implementar gabinetes sobre bases estadísticas ni otro tipo de “repartija”.

Foto: Wikipedia

Categorías: Chile

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