El programa de becas para el capital humano avanzado ya partió mal. Al parecer, estamos frente a otro caso en que las buenas intenciones del gobierno chocan con su pobre capacidad de gestión.
Cuando se le pregunta a un mandatario cuál es el principal activo de su país suele responder algo como: el petróleo, el turismo o el cobre, en el caso de Chile. Nunca he escuchado a un presidente decir que su principal activo es la gente, el capital humano. Sin embargo, es evidente que es precisamente ese el factor económico clave del desarrollo: las personas. Un país que invierte en su gente es un país que apuesta al desarrollo, especialmente si se invierte de manera inteligente y ordenada.
Por todo ello, iniciativas como las nuevas becas anunciadas por la Presidenta durante su última “cuenta”, dirigidas a perfeccionar el “capital humano avanzado” apuntan en la dirección correcta. No obstante, estas “Becas Chile” y “Becas Bicentenario” ya han sido objeto de duras críticas por la forma en que están siendo adjudicadas.
Concretamente, a fines de agosto se dio inicio al primer llamado a postular a becas para realizar estudios de doctorado y magíster en Australia y Nueva Zelanda, proceso que aún no finaliza, a pesar de que debió haber concluido a fines de octubre. El proceso se ha alargado por los muchos errores en su diseño e implementación, errores que van desde la redacción de las bases y su posterior “complemento” (alteraciones) sobre la marcha, hasta errores en la adjudicación y en el procesamiento de las postulaciones.
Entre tantas irregularidades y errores también se cuentan “errores comunicacionales” que han dado pie a que el grupo de profesionales afectados denuncie haber sido objeto de una “estafa” y “publicidad engañosa”. Estas denuncias se han hecho públicas en varias manifestaciones de protesta y por medio de una carta dirigida a la directora de CONICYT, así como en reuniones sostenidas por sus dirigentes con personeros de esa repartición, encargada de gestionar la adjudicación de dichas becas.
En definitiva, al parecer, estamos frente a otro caso más en que las buenas intenciones del gobierno chocan con su pobre capacidad de gestión. Cosa muy problemática, porque para gobernar no basta con la intención, hay que saber hacer que las cosas resulten bien. Ya se sabe que “el cielo está lleno de buenas obras y el infierno de buenas intenciones”.
Es de esperar que el Gobierno acceda a las peticiones formuladas por los afectados y, más aún, que un programa tan ambicioso y positivo, como es el de “Capital Humano Avanzado”, logre desentramparse para beneficio no de unos pocos privilegiados, sino de la sociedad en su conjunto.

1 respuesta hasta el momento ↓
CONICYT: El TranSantiago que pocos ven « Eduardo Bastías Alarcón // 21 Octubre 2009 a 11:31 am |
[...] lo he dicho (aquí) y ahora lo repito. Cuando se le pregunta a un mandatario cuál es el principal activo de su país, [...]