El fallo que ha objetado la inscripción de ChilePrimero como partido político nacional no sólo no da cuenta de una realidad indesmentible, el hecho de que ChilePrimero ya es un partido político hecho y derecho para todos los efectos prácticos, sino que, más aún, daña profundamente a la democracia y sienta un precedente nefasto.
Con perplejidad hemos recibido la inesperada noticia: El Servicio Electoral ha rechazado la inscripción de ChilePrimero como partido político nacional. Nos sorprende porque los resquicios aducidos para rechazar nuestra inscripción más parecen obedecer a un vil intento por establecer la quinta pata de un gato que un trabajo prolijo y acorde a la ley.
En buenas cuentas, lo que ha ocurrido es que dicho Servicio ha desconocido la documentación que obra en su poder y que acredita la renuncia a sus partidos de origen de aproximadamente un 10% de los inscritos en ChilePrimero. De esta forma, el fallo se ampara en la presunta doble militancia de tales personas, situación claramente reñida con la realidad y cuya única consecuencia es impedir que ChilePrimero presente candidatos propios en las próximas elecciones municipales.
En este contexto, y a título estrictamente personal, me invade la convicción más profunda de que el Servicio Electoral ha sido presionado por terceros con el objetivo de obstaculizar la participación activa de ChilePrimero en las próximas elecciones. En mi humilde opinión esa es la única explicación lógica para entender lo ocurrido.
Me alegro que la Directiva Nacional de ChilePrimero haya, desde ya, señalado que apelará a esta resolución arbitraria e infundada; pero más me alegra saber que, a estas alturas, nada nos detendrá y que llegaremos a ser un partido político a nivel nacional en el corto plazo, porque aunque nos pongan mil vallas, eso no está ni nunca estará en duda. Ya somos un partido político de facto y lo que queda pendiente es que seamos reconocidos como tales por los órganos pertinentes que deberían actuar con imparcialidad y libres de presiones.
Esperamos que este tipo de situación no se vuelva a repetir en el futuro, ya que incidentes como este dañan a la democracia. No puede ser que los resquicios legales se usen como pretexto para impedir la representación organizada de fuerzas políticas ya constituidas y operantes. Chile no se lo merece.

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