Eduardo Bastías Alarcón

La Revolución Cibernética

27 Septiembre 2007 · Dejar un comentario

487218___future__ ¿Qué es la Cibernética?, ¿qué clase de disciplina puede estar en el origen de los cambios que desafían hoy a la humanidad, cambios en el mundo de todos los días, en la forma de interrelacionarnos y de comunicarnos, así como cambios profundos que han llegado a repercutir en la forma de hacer ciencias?

Cuando la revista Time hizo una encuesta para determinar a las cien personas más influyentes del siglo XX, figuraron nombres tales como: Einstein, Fleming, Freud y los hermanos Wright, entre los que la gran mayoría conocía, y otros grandes científicos y pensadores no tan conocidos por el público general. Llama la atención que en dicha lista no figurara el nombre de Norbert Wiener; llama la atención porque mucho se habla de que vivimos en medio de la revolución cibernética, se le compara con alguna frecuencia con la revolución industrial y frecuentemente se la asocia a los desarrollos tecnológicos de la informática e internet. En efecto, el escritor de ciencia ficción William Gibson ha popularizado el término ciberespacio para denotar aquel ambiente de realidad virtual que representa el uso de las telecomunicaciones digitales. Poco se sabe del significado original de la palabra Cibernética, poco se sabe de Norbert Wiener, considerado por los eruditos como el padre de la misma y el científico más importante del siglo XX. Por el contrario, la gran mayoría del público culto ha escogido a Albert Einstein como el pensador más influyente del siglo.

Por otra parte, la revolución cibernética no se relaciona exclusivamente con las tecnologías de la información, la robótica o internet; gracias a esta revolución sin precedentes en la historia de nuestra civilización están cambiando la forma de entender el mundo y nuestra historia, la forma de hacer ciencia, la forma de entender la religión y, en general, las directrices fundamentales sobre las que se erigen nuestras culturas de fin del milenio.

Un timonel muy especial

Pero, ¿qué es la Cibernética?, ¿qué clase de disciplina puede estar en el origen de los cambios que desafían hoy a la humanidad, cambios en el mundo de todos los días, en la forma de interrelacionarnos y de comunicarnos, así como cambios profundos que han llegado a repercutir en la forma de hacer ciencias?

La palabra cibernética es de origen griego y significaba originalmente timonel. Pero se trataba de una clase muy peculiar de timonel, era un experto que debía controlar y coordinar remos, timón y vela para conducir una nave por el Mediterráneo. Wiener rescató esta palabra para denotar lo que él definió como "la ciencia del control y la comunicación en la máquina y el animal".

El desarrollo y la aplicación de la Cibernética durante los años ‘50 y ‘60 permitieron el advenimiento de las máquinas lavadoras de automóviles, las puertas automáticas, la computación, internet, la robótica y casi todos los inventos de las últimas cinco décadas. Es por ello que a la revolución cibernética se le compara frecuentemente con la revolución industrial, pero su aporte no se limita al mundo de la tecnología; por el contrario, su aporte más radical y profundo es el que permite compararla con otro período de revolución intelectual: el Renacimiento.

Wiener definió la cibernética como la ciencia del control en la máquina y el animal, con el propósito implícito de proponer una ciencia lógico- matemático- sistémico- interdisciplinaria de la mente. Junto con Wiener, se considera que los otros padres de esta disciplina fueron John von Neumann, Warren McCulloch y Claude Shannon. La orientación que cada uno le otorgaría a la Cibernética se corresponde estrechamente con las áreas en las que ésta se ha empleado. A John von Neumann, por ejemplo, se le considera como el padre del computador digital. Los trabajos de Shannon, por su parte, sentaron las bases teóricas para el desarrollo de las telecomunicaciones digitales, incluida Internet. Finalmente, Warren McCulloch fue el precursor de la orientación que en la actualidad presenta la cibernética, bajo la denominación más reciente de "ciencias cognitivas". Él se interesó en el estudio de los sistemas nerviosos y la cognición, y fue el primer científico que propuso denominar a este ámbito de estudio "epistemología experimental".

El hecho de que la Cibernética fuera establecida por Wiener como la ciencia del control en la máquina y el animal, como hemos visto, en primer término significó grandes avances en el campo de las máquinas, ampliando sus potencialidades a los niveles que hoy conocemos y usamos cotidianamente. En cambio, por el lado de la biología, su aporte sería más lento aunque, tal vez, mucho más importante. Con relación a este punto cabe señalar que los chilenos Humberto Maturana y Francisco Varela hicieron una contribución trascendental, al formular, durante los años ‘70, la Teoría de la Autopoiésis. Maturana había trabajado estrechamente con McCulloch. Asimismo, otro cibernetista de renombre, Heinz von Foerster, considerado como el padre de la Cibernética de Segundo Orden, también influyó considerablemente en los chilenos.

Resulta revelador que el prólogo del texto en que primero se difundió los planteamientos de Maturana y Varela no fuera redactado por un biólogo sino por Stafford Beer, un cibernetista. Beer vino a Chile a comienzos de los ‘70 a asesorar a la CORFO en un ambicioso proyecto de Cibernética aplicada en la administración pública. En esa oportunidad quien fuera el ministro de economía, Fernando Flores, tomó contacto con Beer y más tarde con Maturana y Varela. En la actualidad se puede constatar la fuerte influencia que los tres cibernetistas ya mencionados ejercieron en el pensador y empresario chileno que ha aplicado la Cibernética y las ciencias cognitivas en el mundo de los negocios y la gestión.

Otro cibernetista chileno que ha desarrollado su quehacer como investigador en el ámbito de la administración de empresas es el profesor de la Escuela de Comercio de la Universidad Católica de Valparaíso, Aquiles Limone. El profesor Limone formuló a fines de los ‘70 la teoría de que las empresas, al igual que los seres vivos, son sistemas autopoiéticos.

El observador en escena

Seguramente, pocos de nuestros contemporáneos han percibido el fenómeno histórico sin precedentes que ha tenido lugar ante nuestros ojos durante el siglo XX. En efecto, el concepto de ciencia puede ser definido de manera sustancialmente diferente antes y después de dicho siglo. Este cambio radical en la forma de entender a la ciencia tuvo su origen en la crítica que formuló Ludwig von Bertalanffy al denominado Método Científico de Descartes, pero se consolidó más tarde, bajo la influencia de la Cibernética, al establecer la necesidad de introducir al observador explícitamente como elemento constituyente de las teorías científicas. Cabe señalar que esto último no fue considerado necesario o no estuvo en absoluto claro para la ciencia clásica que se desarrolló desde los tiempos de Descartes hasta la primera mitad del siglo XX.

La física fue la primera rama de las ciencias tradicionales en introducir el factor epistemológico en la formulación tanto de la mecánica cuántica como en las teorías de la relatividad. En rigor, incluso antes de ello, algunas teorías físicas, como la mecánica estadística, habían introducido implícitamente este factor al demostrar, por ejemplo, que la temperatura no era una propiedad fundamental de la materia sino que una propiedad emergente. Esto significa que la temperatura, "en realidad" – esto es: físicamente – no existe. No existe en un sentido profundo, ya que su supuesta existencia está subordinada a la observación que pueda realizar un individuo; en otras palabras, no existe como algo independiente del observador. Posteriormente se demostraría que todas las propiedades que se le atribuyen a los objetos no existen "en realidad", es decir: con independencia del observador. No existe ni el color, ni el tamaño, ni la forma, ni la edad, ni el sabor, ni el olor, entre otras. No existen en el sentido convencional, ya que se trata de meras "construcciones mentales" hechas por observadores que dicen interactuar con objetos. Nuestro lenguaje dificulta la comprensión de este hecho, ya que las construcciones gramaticales nos obligan a decir por ejemplo que "el agua es transparente", "el agua está caliente", etc., como si el color o la temperatura fueran propiedades inherentes de cualquier objeto y pudieran existir aún cuando no hubiera observadores. Por el contrario, las ciencias contemporáneas han demostrado que las propiedades de los "objetos" emergen gracias al proceso de observación. Este planteamiento se conoce como constructivismo y se le vincula estrechamente a la Cibernética de segundo orden, así como a la física moderna y a la biología de la autopoiésis.

El físico Fritjof Capra sostiene que el cambio de paradigma que se produjo en el avance de la física clásica a la física moderna forma parte de un cambio de paradigma general de las ciencias, caracterizado principalmente por la cuestión epistemológica y por un enfoque holístico y ecológico, que son los fundamentos de la Cibernética y la Teoría de Sistemas.

En la actualidad, el aporte de la Teoría de Sistemas y de la Cibernética ha redundado en el desarrollo de nuevas disciplinas. Cabe señalar a modo de ejemplo a la Programación Neuro-Lingüística (P.N.L.) -que manifiesta la fuerte influencia del afamado cibernetista Gregory Bateson, la Teoría del Caos, el Constructivismo Radical -vinculado estrechamente a la cibernética de segundo orden- y las ciencias cognitivas -que son la continuación más evidente de la Cibernética original.

Explicaciones transitorias

Al cambiar la forma de hacer ciencias, cambia el significado de la palabra ciencia; los científicos de la actualidad ya no pretenden buscar una verdad última, absoluta, inmutable, objetiva y distante; por el contrario, en la actualidad el científico entiende que su trabajo consiste en formular meras explicaciones transitorias que pueden resultar útiles o no, dependiendo del contexto en que se aplican. Por ejemplo, ya no se piensa que la ley de gravedad sea una "verdad científica", sino por el contrario, se piensa que la gravedad es un fenómeno susceptible de explicar por tres mecanismos diferentes dependiendo del contexto, estos mecanismos corresponden a la mecánica clásica, la relatividad y la mecánica cuántica.

Tampoco es un requisito para las teorías científicas que éstas sean consistentes entre sí. En el caso de la gravedad, por ejemplo, la mecánica clásica explica el fenómeno como una fuerza de origen misterioso pero relacionada de alguna manera con la masa de dos objetos y la distancia entre ellos; por su parte la relatividad la explica de una forma radicalmente distinta, como una especie de ilusión óptica que se produce porque el espacio-tiempo es curvo en la cuarta dimensión. Finalmente, para la mecánica cuántica, en cambio, la gravedad se produce como el resultado del intercambio de unas partículas subatómicas que se denominan gravitones.

Hasta hace poco tiempo un científico se habría preguntado cuál de estas tres explicaciones era la correcta, o si todas eran meras aproximaciones y algún día se encontraría la explicación definitiva. Con el desarrollo y la influencia que ha ejercido la Cibernética cada vez son más los científicos que creen que las tres explicaciones son igualmente correctas y no hay ningún problema de inconsistencia porque se aplican en contextos diferentes. La mecánica clásica explica de una manera muy sencilla lo que pasa en nuestro mundo cotidiano, nos explica por qué los satélites orbitan y por qué las cosas se pueden caer al suelo. En el mundo subatómico en cambio las leyes de la mecánica clásica no constituyen una buena explicación de los fenómenos observables, ese es el dominio de la cuántica. Por otro lado, la estructura del universo y los agujeros negros pueden ser explicados mediante la relatividad de Einstein. El hecho de que, en la actualidad, dos o más teorías científicas puedan explicar parcialmente un mismo fenómeno de maneras diferentes, representa un cambio radical en la forma de entender la ciencia, cambio que fue propiciado por la Cibernética.

Los nuevos espacios

Esta revolución del pensamiento cosmopolita puede percibirse desde una perspectiva histórica que lo explica. La investigadora Riane Eisler ha popularizado una interesante teoría que advierte en la revolución cibernética la posibilidad de un renacimiento de la civilización pre-patriarcal que rigió en los albores de la humanidad. En efecto, según ella, al contemplar la historia y la prehistoria, la revolución que está teniendo lugar en la actualidad puede ser más radical que el renacimiento y la revolución industrial juntas, puede resultar comparable sólo con la revolución que tuvo lugar durante el neolítico y que dio origen a nuestras instituciones más elementales. Nociones como la familia, la patria, el mercado, las fuerzas armadas, el estado y gobierno, no existirían o tendrían una organización radicalmente diferente de no ser por esta revolución prehistórica. Algunos síntomas de este eventual renacimiento de la civilización primigenia son los movimientos pacifistas, ecologistas y feministas, la lucha contra la censura, el cambio de mentalidad en torno a materias sexuales y la búsqueda de espacios para el cultivo de la espiritualidad, así como la creciente evocación de las filosofías orientales y el retorno de la sabiduría perenne.

El Renacimiento del siglo XV se caracterizó por una evocación del pensamiento griego de la antigüedad clásica; Francisco Varela sostiene que en la actualidad tenemos la oportunidad de reconocer el fundamento robusto de algunas tradiciones milenarias. Él junto a un grupo de científicos cognitivos están construyendo el puente que conectará a la cibernética con el budismo. Las conclusiones a las que han llegado ya son sorprendentes.

¿Qué nos deparará el futuro? Eso está por verse, tenemos en nuestras manos la posibilidad de establecer esta revolución en la que participamos como protagonistas, tenemos la posibilidad de obtener un mundo mejor, más humano y ecológico, en definitiva, más espiritual. Ese es el verdadero alcance que puede tener la revolución cibernética, ahora sólo de nosotros depende concretarlo.

Copyright © 2000-2009 Eduardo Bastías
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